Cerré la puerta de la oficina de mi jefa muy despacio, salí en silencio y me senté en mi silla a fingir que estaba trabajando. La realidad es que no podía contener la emoción, sentí como si me hubiera ganado la lotería -¡Premio mayor y toda la cosa, 100 millones! – Y aunque a ella no le pareció tan increíble la idea, ¡renuncié!
No sé porque tenía miedo de hacerlo si lo que sigue para mí es lo que realmente quiero, con lo que he soñado durante años, lo que me apasiona. Al fin sabré lo que se siente vivir en carne propia una de las muchas frases motivacionales de facebook y pinterest… seguir tus sueños, hacer lo que amas, ser tú mismo. Me muero de ganas de sentir lo que es no querer irme del trabajo, de tener que trabajar extra.
Soy una diseñadora industrial (título en proceso, lo prometo) de 26 años que está enamorada de la comida. Que no tiene ahorros porque prefiere salir a cenar a un lugar nuevo del que leyó. Estoy enamorada de los sabores y las texturas, de cocinar, de comer y comer. Mucho tiempo me repetí lo mismo:
– Estás trabajando en hacer un híbrido entre el diseño y gastronomía: food design!
La realidad es que nunca lo he hecho, en cambio, trabajé producción, logística y gestión. Y no se sorprendan, lo hago muy bien, he tenido buenos puestos, bien pagados. He formado parte de empresas emergentes en México, lugares buena ondita. Pero nunca ha sido suficiente.
Creo que las oportunidades no llegan así nada más. Las oportunidades se deben buscar y no llegan de inmediato, llegan como consecuencia del trabajo arduo, de las relaciones personales; del esfuerzo y de la persona. En mi caso, la oportunidad no pudo haber llegado en mejor momento. Me están dando la oportunidad de cocinar para vivir. Sin tener experiencia fuera de mi cocina, la de mis amigos y la de mis papás. Pero en momentos así es cuando pienso en que, si Remy en Ratatouille pudo… ¡yo también puedo!
Cuando la pasión se desborda y las ganas son tantas como las mías, las cosas no pueden salir mal. Solamente queda aprender y crecer; y que mejor que disfrutar el proceso.
No me gané la lotería pero festejé como si así hubiera sido. Terminé el día de mi manera preferida, con mi persona favorita comiendo el mejor remedio contra el frío en la ciudad: ramen. En Rokai Ramen-Ya, el mejor lugar es la barra (suele ser así en muchos lugares que valen la pena). Cuando llegué me dieron la noticia de que no había lo que usualmente pido Tan Tan Men [spicy, carne molida de cerdo, fideo delgado, cebollín y si quieres, le puedes poner queso] pero el día me siguió sorprendiendo y ahora fue en forma de un Taiwan Ramen.

