2020, después de 3 años

Mi canal favorito, en mi tele el futuro. Adentro, los roles de canela que me inspiraron a escribir otra vez.

 

De comer a comer empezó hace tres años, cuando mi vida dio un giro que no esperaba. Antes de todo eso, en mis tiempos libres… y los no tan libres en los que debía estar siendo productiva me imaginaba como sería mi vida en un futuro. El futuro lo sentía tan lejano, algo imposible que no pasaría hasta como dentro de 15 años. Y después de esos 10 o 15 años yo me imaginaba estando detrás de una barra. Atrás de esa barra había una ventanita pequeña con una cortinita que daba a la cocina. Del otro lado de la barra había libros y pan y café y sobre todo, había gente. Y un día, cuando menos lo esperaba, aunque sí que lo deseaba, mientras iba andando por ese camino que aunque sabía que no era el correcto, no podía salir de el… y de pronto, tal como en Mario Kart, una nubecita se acercó, me señaló que iba por la dirección equivocada, me levantó y me puso en el camino correcto. Un día amanecí atrás de esa barra. Sin tener idea y sin saber que pasaría, pero ahí estaba.

Después de unos meses en el camino correcto conocí que más allá de la comida y el pan, la gente tenía mucho que dar. La gente me dio todo. Me llenó de alegría y de un sentimiento de que estaba haciendo algo bien, de satisfacción. Después de meses pasaron años y entre los años me encontré estando del otro lado de la barra. Con gente nueva detrás de ella. Y yo, tratando de seguir por el camino correcto y entendiendo que eso implicaba mucho más que simplemente estar detrás de una barra. Había tanto que hacer afuera de ella, y dejé que me consumiera. Entendí que incluso dentro del camino correcto es muy fácil perderse. Es tan fácil perderse en la idea de que todo va bien, de que todo va creciendo y todo está estable. Y después entró la ambición. Y tomé responsabilidades fuera de la barra y de la Farmacia. Entonces el tiempo empezó a ir más y más rápido. Y el tiempo libre era muy poco. Tan poco que la familia, la pareja, los amigos, se volvieron más distantes. Yo sabía que seguía en el camino correcto, pero no entendía por qué me sentía tan perdida. Caminando en círculos.

Entonces empezamos a tratarlo todo (y aquí es dónde creo que tal vez debí de haber consultado con mi amiga y socia antes de escribir esto, pero creo que estamos en el mismo canal*) (casi en todo, no logramos organizarnos en qué tipografía usar en instagram) Empezamos a tratar de ser algo que nunca fuimos. A veces era muy difícil entender por que en nuestro sueño no entraba la gente que entraba en tantos otros lugares. Sentimos que teníamos que dar todo eso que ofrecían todos esos lugares de moda, súper concurridos, tan “cool”. Y entonces el ego fue más grande, nos ganó. Nos ganó mientras abríamos ostiones durante horas y al final no llegaba nadie a comerlas. Nos ganó esas noches que tratamos de vender alcohol como locas para que entrara mucho dinero. Y el resultado negativo acababa en frustración y enojo. Y en perderme más dentro de mi camino que parecía ser tan correcto.

Me costó mucho entender por qué dentro de ese sueño tan deseado no todo operaba perfectamente. Se me olvidó que los sueños son humanos. Que los sueños incluyen ego y errores. Y sobre todo, me olvidé que dentro de ese sueño encontré en lo feliz que me hace la gente, mi gente y me cerré. Me cerré a todo.

El año nuevo me sirvió para entender y estar tranquila con la idea de qué Farmacia es, de que yo soy. De que por más que me cueste no puedo intentar ser algo que no soy. Y recordé que Farmacia siempre fue concebido como un lugar cálido, para la comunidad, los vecinos, los amigos, la familia, el barrio. Todos ellos que se quieran refugiar en un lugar honesto, sencillo, cálido, sin pretensiones. Y en unas pocas semanas de estar más presente, de regresar a estar detrás de la barra para experimentar, jugar, hacer cambios, enamorarme de la comida otra vez, ahora con el apoyo de un equipo completo y una socia alegre y entusiasta. Y afuera de la barra, he entendido como puedo comunicar todo eso hacia afuera. Como organizar al equipo y verle el placer a todo lo que hay afuera de ella también.

Tres años en Farmacia y feliz de imaginarme los muchos que vienen. Feliz de pensar en la evolución, los cambios. Los lugares que siguen. Segura de no perder la cabeza, ni perderme dentro del camino. En Farmacia con mucho cariño, motivación y amor estamos cocinando cambios, estamos experimentando con todas las cosas que durante estos años los clientes nos han pedido. Y pronto vendrán. Ya les avisaré. Pero antes que eso era importante para mi agradecer a los que se han quedado, a los que se han ido y han vuelto. A mi familia, pareja, amigos, que aunque yo me he distanciado siguen escribiendo y visitando y apoyando mi sueño.

Después de tres años logré volver a escribir. Muchas veces me senté, traté y traté y las palabras que antes fluían con tanta facilidad no lograban salir. ¿Será que encontré el camino dentro del camino?

 

Los roles de canela siguen en estado demo, pero pronto los perfeccionaremos y los tendremos todos los días, calientitos en Farmacia Internacional

Querida Farmacia Internacional

Ciudad de México a 18 de Septiembre del 2017

Querida Farmacia Internacional:

Llevas un poco más de un año siendo parte importante de mi vida. Hace unos meses empecé a platicarle de ti a mi familia y amigos. Mis aventuras contigo, nuestros clientes, los grandes ratos y los malos también… de pronto dejé de hacerlo. Me sentaba a escribir y las palabras, como antes solían hacerlo, ya no corrían con el mismo ritmo. Supongo que nunca pensé que hablar de ti me iba a llevar a pensar tanto en mí misma. Platicarle a mis amigos de ti se convirtió en una auto exploración, una detallada búsqueda y esas, no son nada fáciles.

Nuestra relación comenzó repentinamente, sin que yo lo esperara. Muy pronto te volviste tan parte de mi que me costó trabajo diferenciar entre tu y yo. Quise dedicarte todo el esfuerzo y todo mi tiempo. Tomando en cuenta hasta el último detalle. Pensando tanto en el que dirán. Sentía que todos los ojos estaban en nosotros. Nada podía salir mal o todos nos juzgarían. Jamás podría permitirlo.

Me concentré tanto en que nuestra relación funcionara al día a día que lo convertí en una rutina. Lo mismo todos los días. Y no quiero decirte que la pasé mal, simplemente me dejé llevar, me envolví. Después hiciste algo que me confundió mucho. Me inundaste, me agotaste tratando de evitar que te hundieras. Después de eso me tuviste a oscuras durante una semana entera. Hubo días en los que de plano no me dejaste levantar la cortina, como si no quisieras que abrazáramos a la gente como lo hacemos siempre con tanto gusto. A pesar de todo, durante la serie de eventos desafortunados, nuestra familia y amigos se mantuvieron más cerca que nunca. Demostrándonos lo bien que funcionamos juntos. Y en uno de esos días que me senté a escribir de ti, lo entendí. Desperté.

Entendí por que permití que nos enrolláramos en esa rutina. Lo nuestro se volvió sobre mi y me asusté. Me dio miedo crecer contigo. Me concentré en llevarte de la mano día a día pero sin pensar en el futuro. Y lo grande que es para nosotros. Olvidé que somos más que tu y yo. Me dejé llevar por el miedo al cambio y al crecimiento. Y por eso me costaba escribir tanto sobre ti, me costaba entender esa rutina y entenderme a mi misma.

Querida Farmacia, rompamos esa rutina, ¡tomemos riesgos juntos! Sorprendamos a nuestros clientes amigos. Sigamos construyendo una familia enorme, un espacio cálido en el que la gente se siente bien. Siempre se ha tratado de eso. Por eso lo nuestro va más allá – estamos aquí por los demás. Para tratar de curar los malos ratos y aplaudir los buenos. Para crear una comunidad que se conoce y se apoya. Para eso estamos. Y por eso tenemos que seguir creciendo juntos.

Con cariño y admiración

 

 

Ps. Nos vemos al rato para el desayuno querida

El Tiempo

Por : Andrea Strobl 

Son las 10:20 de la noche y es lunes, estoy sentada en una taquería Califa, esperando una gloriosa costra de rajas como ninguna. El Califa es un lugar increíble, sería perfecto si no fuera porque se casaron con la idea errónea de hace muchos años, que tener música tipo lounge todos los días a todas horas es cool. Cada vez más confirmo que en la vida y en todo, cada detalle cuenta.

Mi día efectivo, productivo, lleva 16 horas y contando. Aunque el día ha sido largo y es obvio que estoy cansada, estoy mejor que nunca. Y no es la costra de rajas hablando… ni la gringa. Llevo varias semanas luchando contra la idea del tiempo y las consecuencias del mismo. Por si se preguntaban (me encanta creer que así es) no había dejado de escribir por falta de ideas, esas siempre están, simplemente siento que no tengo tiempo. Al menos eso pensaba, hasta hoy, el día más largo.

 

El tiempo en la cocina viene rodeado de amenazas:

¡Olvídate de tus manos! Uy, vas a engordar muchísimo. ¿Ya ni para tu novio tienes tiempo verdad? Vas a estar tan cansada que ni vas a querer cocinar fuera del trabajo. ¿Ya te despediste de tus pies?

 

Realmente me atormenté por semanas y estaba decidida en que se tendrían que hacer sacrificios duros si quiero seguir en este oficio. Hasta que me di cuenta, hoy, cansada, de que estoy satisfecha, de que un día de trabajo duro vale la pena y se siente bien. Me di cuenta de que la mejor manera de correr mi tiempo es encontrando el balance. Aunque los días pesados me hacen sentir satisfecha, no se puede vivir así. Debo de balancear mi tiempo para lograr sentirme satisfecha en todos los aspectos de mi vida. Y en eso estoy. No digo que de una semana a otra, pero al menos ya me estoy dando el tiempo para encontrarlo.

No quiero despedirme de mi esbelta figura, ni de mis bellas manos. Mucho menos quiero dejar de compartir tiempo con mi familia, mi pareja y mis amigos. La cocina y la comida no son una obligación sino una pasión.

10:59 y sigo sentada en la taquería ahora coqueteando con la idea de pedir un taxi. Estaba escribiendo sobre balance verdad? Creo que lo mejor después de dos tacos a esta hora será caminar. Tengo que aceptar que la música tipo lounge ayudó a que fluyeran las ideas, ay, ojalá haya sido la comida, si no que oso.

 

 

 

 

El primer paso

Cerré la  puerta de la oficina de mi jefa muy despacio, salí en silencio y me senté en mi silla a fingir que estaba trabajando. La realidad es que no podía contener la emoción, sentí como si me hubiera ganado la lotería -¡Premio mayor y toda la cosa, 100 millones! – Y aunque a ella no le pareció tan increíble la idea, ¡renuncié!

No sé porque tenía  miedo de hacerlo si lo que sigue para mí es lo que realmente quiero, con lo que he soñado durante años, lo que me apasiona. Al fin sabré lo que se siente vivir en carne propia una de las muchas frases motivacionales de facebook y pinterest… seguir tus sueños, hacer lo que amas, ser tú mismo. Me muero de ganas de sentir lo que es no querer irme del trabajo, de tener que trabajar extra.

Soy una diseñadora industrial (título en proceso, lo prometo) de 26 años que está enamorada de la comida. Que no tiene ahorros porque prefiere salir a cenar a un lugar nuevo del que leyó. Estoy enamorada de los sabores y las texturas, de cocinar, de comer y comer. Mucho tiempo me repetí lo mismo:

– Estás trabajando en hacer un híbrido entre el diseño y gastronomía: food design!

La realidad es que nunca lo he hecho, en cambio, trabajé producción, logística y gestión. Y no se sorprendan, lo hago muy bien, he tenido buenos puestos, bien pagados. He formado parte de empresas emergentes en México, lugares buena ondita. Pero nunca ha sido suficiente.

Creo que las oportunidades no llegan así nada más. Las oportunidades se deben buscar y no llegan de inmediato, llegan como consecuencia del trabajo arduo, de las relaciones personales; del esfuerzo y de la persona.  En mi caso, la oportunidad no pudo haber llegado en mejor momento. Me están dando la oportunidad de cocinar para vivir. Sin tener experiencia fuera de mi cocina, la de mis amigos y la de mis papás. Pero en momentos así es cuando pienso en que, si Remy en Ratatouille pudo… ¡yo también puedo!

Cuando la pasión se desborda y las ganas son tantas como las mías, las cosas no pueden salir mal. Solamente queda aprender y crecer; y que mejor que disfrutar el proceso.

No me gané la lotería pero festejé como si así hubiera sido. Terminé el día de mi manera preferida, con mi persona favorita comiendo el mejor remedio contra el frío en la ciudad: ramen. En Rokai Ramen-Ya, el mejor lugar es la barra (suele ser así en muchos lugares que valen la pena). Cuando llegué me dieron la noticia de que no había lo que usualmente pido Tan Tan Men [spicy, carne molida de cerdo, fideo delgado, cebollín y si quieres, le puedes poner queso] pero el día me siguió sorprendiendo y ahora fue en forma de un Taiwan Ramen.