De Allá y de Acá

Por: Andrea Strobl

 

Vivo en la capital pero soy del norte. Monterrey fue mi casa durante veinte años y la capital lo ha sido por siete. Nunca fui una regia que asaba carne con su familia los domingos o comía asado de puerco en las en los cumpleaños. Mis papás emigraron al norte antes de que yo naciera. Los Cavazos, Nuevo León es mi casa. Aunque confieso que mi papá durante muchos años asaba la carne en una parrilla y sin carbón. Con todo y todo, el norte se volvió nuestro hogar. Crecí rodeada de montañas y campo, con olor a tortilla de harina, dulce de leche y frijoles charros.

Las navidades, veranos y días festivos variados los pasaba en la ciudad. Decíamos que nos íbamos a México de vacaciones. Ir a México, era lo equivalente a familia. Carnes frías de la Selva Negra cortesía del abuelo Vati. Garnachas de frijoles refritos de Isabel en casa de la abuela Oma. Horas en el jardín con los primos y permanencia voluntaria con palomitas en la bolsa de mi tía en el cine Manacar.

La verdad es que nunca me sentí ni tan de allá, ni tan de acá. Ahora soy una mujer de 27 años, viviendo en un departamento en la Ciudad de México, encontrando su misión en la vida, tratando de sacar un negocio adelante y de ser una persona buena que algún impacto pueda lograr. ¿Cuál es mi casa?

Hoy fue un día de mucho, productividad, movimiento, gente… terminé el día cansada y melancólica. Pero hoy, Pedro y Vivi mis
hermanos me compartieron una noticia importante:

“Taquitos en Insurgentes Sur 253, Roma Norte. Abiertos desde YA, Taqueria Orinoco”

¡Mis tacos favoritos de casa, llegaron a casa!

Y lo entendí, mientras me comía una gringa con tortilla de harina de verdad (no Tortillina Tía Rosa) de lo afortunada que soy. Tengo dos casas. Tengo familia allá y acá, amigos regios y chilangos, tengo trompo y pastor. Yo soy de aquí y de allá.

Y más afortunada me siento de ser mexicana. Los eventos recientes me enseñaron que como país nos podemos unir. Que no importa si somos de allá o de acá, ni siquiera si del mismo México. En tiempos difíciles yo vi familia. Sentí calor, apoyo, unidad. Me sentí orgullosamente en casa. Los que estuvimos aquí, tratamos de juntarnos y ser útiles; allá, estuvieron atentos y ayudando desde lejos, igual. Sigamos así México, siendo uno. Sigamos apoyando, sigamos cuestionándonos, sigamos luchando por una mejor casa, ¡juntos!

Gracias Orinoco, por que aunque no hubo Joya, no le pusiste popote a mi Mundet. Me abrazaste y me hiciste sentir cerca de la casa que me vio crecer y me formó. De mi querida familia y mis queridos regios. Bienvenido a mi otra casa, te sentirás como en casa, ya verás.

Si me muero de agruras hoy, valió la pena.

 

P.S. A mi querida amiga regia Mai to the Lu, te quiero y revisa tu iMessage. Perdón por no felicitarte a tiempo este año, te pensé y te pienso todos los días.

 


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *