
Por: Andrea Strobl
El platillo más vendido en Farmacia Internacional es la tosta de aguacate y huevo perfecto. La carta literalmente dice “huevo perfecto”. Hace unos días por la mañana entró uno de nuestros clientes frecuentes con alguien más. Miguel, que viene seguido, se notaba serio y rígido, no tan alegre como siempre, enseguida supe que la persona con la que venía era su jefe. (Días después confirmé que sí, cuando Miguel regresó solo, tan alegre como siempre) Los dos pidieron tosta, pero el jefe hizo énfasis en que el huevo efectivamente, fuera perfecto. El señor se sentó en el lugar estratégico en el que puedes ver la cocina directamente. Todo el tiempo tuvo la mirada fija en mi.
Nunca falta el cliente que lo pide así, perfecto. El huevo perfecto se ha convertido en mi mayor enemigo y mi mayor reto. Siempre que alguien me lo recuerda, lo tengo que hacer dos veces. No se preocupen, nada se desperdicia, quiero creer que nunca había estado tan sana, por el alto consumo de proteína que estoy teniendo. Al final, el jefe tuvo su huevo perfecto, aunque no en el tiempo perfecto, ya que lo tuve que hacer dos veces mientras él me veía. Lo positivo es que según Miguel, le pareció muy rico el lugar y dijo que regresaría un día que no tuviera tanta prisa.
You weren’t born with magic powers. But you can get magic results from hard work. And that’s something to be proud of. Pride isn’t something to be avoided. It’s just got to be the right kind.
Marianne me compartió un artículo del blog bakadesuyo.com/ con esa frase hace varias semanas y desde entonces lo he tenido en mente. Ultimamente he comparado el huevo perfecto a varios aspectos de mi vida. A veces me es muy fácil juzgar a los demás y pensar que porqué no piensan como yo están mal. Me pongo a pensar en esas actitudes o comportamientos en mi en los que debo trabajar.
Este proceso de cambio y nuevos aprendizajes ha sido no solamente en la cocina y en un restaurante sino que ha sido un nuevo despertar para mi como persona y un proceso de introspección para poder llegar… nunca seré ni quiero ser perfecta como el huevo, pero sí a estar satisfecha conmigo misma. Nunca es tarde para empezar o seguir trabajando en nosotros mismos, para llegar a estar lo suficientemente orgullosos de quién somos.

